Miércoles, 17 de noviembre de 2021


Iniciamos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

La historia de un maestro cualquiera

Después de diez años, me reuní hace unos días con un grupo de alumnos y alumnas de una promoción muy singular y especial. No estuvieron todos, por diferentes razones. Los que vinieron me hicieron notar con sus palabras, sus gestos y sus atenciones que la imagen del Maestro siempre queda en nuestra mente y en nuestro corazón.

Esta experiencia me ha hecho pensar que la amistad, venga de donde venga, en mi caso, se dio a partir de la relación maestro-alumnos. Solo necesitó sinceridad, transparencia y espacios de tiempo en el día a día.

El escuchar a mis alumnos a lo largo de la reunión, un continuo gracias por todo, ha sido más que suficiente para poder decir una y mil veces: ¡vale la pena ser maestro!

Antonio, Fernando, Ana, Jose, Pablo, Marta, Blanca, Rosa… gracias a cada uno de vosotros por todo, por vuestro aprecio, vuestro tiempo y por la alegría de saber que todo lo que un maestro hace por sus alumnos no se pierde en el tiempo; todo lo contrario, permanece para siempre.

Entra en tu interior

¿Te ha gustado el texto que acabas de escuchar? ¿Qué te parece lo que dice el maestro sobre el encuentro con sus antiguos alumnos y alumnas?

¿Crees que un maestro o maestra puede ser amigo de sus alumnos? ¿Por qué?

Padre nuestro…

Dios te salve María….

Gloria….

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