Iniciamos nuestra oración diciendo juntos, en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amen.
Oramos por nuestros familiares y amigos enfermos, especialmente por la salud de la Licenciada Nancy Merino, las señoritas Mikaela Mejía, Jenixer Castillo, por el joven Gabriel Villacis, por el Señor Edison Zuñiga Padre de Familia y la señorita Rosita Gaibor, de octavo grado. Oramos por nuestra Unidad Educativa, por nuestras autoridades, docentes, administrativos y estudiantes.
Evangelio del día
Lectura del santo evangelio según san Marcos 1, 40-45
En aquel tiempo, se acerca a Jesús un leproso, suplicándole de rodillas:
«Si quieres, puedes limpiarme».
Compadecido, extendió la mano y lo tocó diciendo:
«Quiero: queda limpio».
La lepra se le quitó inmediatamente y quedó limpio.
Él lo despidió, encargándole severamente:
«No se lo digas a nadie; pero para que conste, ve a presentarte al sacerdote y ofrece por tu purificación lo que mandó Moisés, para que les sirva de testimonio».
Pero cuando se fue, empezó a pregonar bien alto y a divulgar el hecho, de modo que Jesús ya no podía entrar abiertamente en ningún pueblo; se quedaba fuera, en lugares solitarios; y aun así acudían a él de todas partes.
Reflexión del Evangelio de hoy
“Si quieres puedes limpiarme; quiero, queda limpio”
Hoy nos presenta la Iglesia la historia de un leproso, que había sido expulsado de la ciudad, rechazado por la comunidad y arrancado del lado de los suyos por el hecho de padecer la lepra. Este leproso vive en un sufrimiento terrible, condenado a vivir solo hasta encontrar la muerte, como víctima de esta enfermedad.
Hay dos cosas muy importantes que nos enseña hoy la actitud de este leproso, una es su humildad y la otra es su gran fe. Es él el que se acerca a Jesús, con la confianza de que Jesús puede sanarlo. El leproso no se siente rechazado por Cristo ni defraudado, sino todo lo contrario, se siente acogido y se va muy feliz, siente una felicidad que no sólo la manifiesta por su curación física, sino también por la curación de su alma, ha experimentado el amor y la gran misericordia de Dios
Por otra parte, el leproso nos muestra cómo hay que pedir al Señor: con una gran humildad, algo que se ve no sólo con el gesto: se arrodilla ante Jesús para pedirle, sino también poniendo por delante de su deseo y voluntad la voluntad de Dios. El leproso le dice a Jesús: “Si quieres puedes limpiarme”, es decir, pide que le sane sólo si es su voluntad. Su fe le lleva a ver que sólo viviendo en la voluntad de Dios se es feliz, él no quiere vivir fuera de la voluntad de Dios, seguramente ya lo había experimentado.
Ojalá que nosotros podamos vivir con la actitud que nos muestra hoy el leproso del evangelio: ser humildes a la hora de pedir a Dios, sabiendo que no merecemos nada, sino que todo lo que recibimos es por pura gracia y misericordia de Dios, y, por otro lado, también deseemos tener esta gran fe, que le lleva a vivir con la confianza de que la voluntad de Dios es lo mejor para nosotros, sea la que sea, aunque, a veces, no entendamos sus designios.
Terminamos nuestra Oración juntando nuestras manos y dirigiendonos a nuestro Padre Dios, diciendo juntos: Padre Nuestro…y a nuestra Madre del Cielo, Dios te Salve Maria…y gloria al Padre…
