Jesús, así como sanaste a los enfermos y buscaste momentos de oración, ayúdanos a confiar en tu poder, a servir con alegría y a no olvidar que nuestra misión es anunciar el Reino de Dios.
Niños, Jesús no permanece indiferente ante el sufrimiento: se acerca, sana y devuelve esperanza. También ustedes pueden llevar su amor a quienes están heridos, solos o desanimados. No permitan que las distracciones los alejen de la oración; en ella encontrarán la fuerza para descubrir su misión y compartir el Evangelio con valentía.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria
